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Noticia / 27 Ago — 2025

CALFUQUEO Y LEMEBEL:

ARCHIVO DE LA DESOBEDIENCIA, FUNDACION PROA, BUENOS AIRES

En tiempos de renovadas ofensivas conservadoras y autoritarias en la región, el desembarco en Buenos Aires de Archivo de la Desobediencia, un proyecto de largo aliento curado por Marco Scotini, adquiere un carácter urgente. Presentado en PROA21 en 2025, tras itinerar por distintas ciudades europeas, el archivo se configura como una plataforma móvil y expandida que explora la intersección entre arte y acción política a través del audiovisual.

Lejos de concebir el archivo como un repositorio neutro, Scotini lo plantea como un campo de batalla: un espacio donde las prácticas artísticas confrontan órdenes políticos, coloniales y de género. La muestra despliega un mapa heterogéneo de gestos insurgentes —performances, acciones urbanas, materiales gráficos, registros audiovisuales— que funcionan no sólo como memoria de luchas pasadas, sino también como repertorios para la acción presente.

Desde su creación, el proyecto se ha presentado en veinte ocasiones en distintos países y, en 2024, formó parte del Núcleo Contemporáneo de la 60ª Bienal de Venecia. En cada edición se reconfigura, adoptando formas diversas —parlamento, escuela, jardín comunitario— con el propósito de alejarse de toda concepción estática o clausurada del archivo.

Vista de la exposición Archivo de la Desobediencia, PROA21, Buenos Aires, 2025. Diseño expositivo: Adrián Balseca. Foto cortesía de PROA21

La presentación en PROA21 se articula en torno al tema de la calle como espacio simbólico privilegiado de subjetividades colectivas y nuevos protagonismos sociales. Reúne 36 obras en video realizadas entre 1999 y 2023, dispuestas en tres etapas rotativas de doce piezas cada una, conformando un ciclo en constante recomposición.

Este atlas de tácticas contemporáneas de resistencia abarca desde la acción directa hasta la contrainformación, desde las prácticas constituyentes hasta la biorresistencia. El archivo se convierte así en un contra-dispositivo frente a aquello que los medios de comunicación corporativos —agentes centrales del autoritarismo— buscan ocultar o desactivar.

El recorrido se organiza en torno a cuatro ejes conceptuales: Desobediencia de género, Comunidades insurgentes, Ecologías radicales y Activismo de la diáspora. Estas claves transversales tejen una red de genealogías críticas que trascienden geografías y temporalidades, pero donde las obras latinoamericanas ocupan un lugar cardinal.

María Galindo y Mujeres Creando, Revolución Puta, 2023. Still de video, 50 min. Cortesía de la artista
María Galindo y Mujeres Creando, Revolución Puta, 2023. Still de video, 50 min. Cortesía de la artista
Carlos Motta, Corpo Fechado. The Devils Work (Cuerpo cerrado – La obra del Diablo), 2018. Still de video. Cortesía del artista y PROA21
Sebastián Calfuqueo Aliste. You will never be a weye (Nunca serás un weye). Video performance, proyección (Still frame). De la muestra: Zonas en Disputa. Museo de Arte Contemporáneo Quinta Normal (MAC) Santiago de Chile, 2016. Foto cortesía del artista.
Seba Calfuqueo, Nunca serás un weye, 2015. Still de video performance. Cortesía de la artista y PROA21.
Pedro Lemebel, Desnudo bajando la escalera, 2014, frontis del MAC, Santiago. Foto: Pedro Marinello. Cortesía: D21 Proyectos de Arte

Desobediencia de género está dedicada a subjetividades nómadas concebidas como ruptura del binarismo heterosexual. En esta sección, María Galindo y Mujeres Creando irrumpen con Revolución puta (2023), un manifiesto nacido de la experiencia de mujeres en situación de prostitución, donde la palabra emerge sin filtros coloniales ni mediaciones paternalistas. Carlos Motta, en Corpo Fechado – The Devil’s Work (2018), recorre los pliegues entre teología, filosofía y violencia colonial para exponer las genealogías de la opresión sexual.

Seba Calfuqueo, con Nunca serás un Weye (2015), reconstituye la figura del Machi Weye desde una corporalidad indígena queer que resiste su borramiento histórico. Y la presencia de Pedro Lemebel se reactiva en Desnudo bajando la escalera (2014) y Pisagua (2006): en la primera, el uso del neopreno evoca tanto los fantasmas de los hambrientos como la resistencia frente al sistema patriarcal; en ambas, el cuerpo del artista ocupa el lugar de los desaparecidos —en Pisagua como homenaje a homosexuales y feministas disidentes asesinados allí—, devolviéndolos a la esfera pública y señalando la violencia del terrorismo de Estado.

Etcetera / Movimiento Internacional Errorista, FAKE NEWS (El club del helicóptero), 2017. Archivo Etcétera. Foto: Natalia Calabrese
Daniela Ortiz, No es un hueco en mi tierra la raíz que arrancaste; es un túnel!, 2024. Cortesía de la artista y PROA21

Activismo en la diáspora aborda los procesos migratorios transnacionales en el contexto del neoliberalismo, como luchas que impulsan nuevas formas de habitar el mundo y cuestionan el sentido mismo de ciudadanía. Comunidades insurgentes, por su parte, pone en escena la resistencia allí donde guerras, opresión estatal y secuelas coloniales restringen las posibilidades de vida humana y más-que-humana.

En ambos núcleos, la desobediencia se piensa desde lo colectivo: el Grupo de Arte Callejero resignifica el espacio público con intervenciones como Aquí Viven Genocidas o Ministerio del Control, donde el humor ácido se convierte en denuncia; Etcétera / Movimiento Internacional Errorista reactiva la teatralidad política en FAKE NEWS: El club del helicóptero (2017), cuando un helicóptero de cartón desestabilizó la solemnidad de una marcha conmemorativa y expuso los fantasmas del poder; mientras que Daniela Ortiz, en No es un hueco en mi tierra (…); es un túnel! (2024), articula una poética anticolonial a través de títeres y memorias enterradas, en un gesto solidario con la lucha palestina.

Ecologías radicales construye frentes de solidaridad contra las agresiones a los mundos humanos y más-que-humanos, proyectando futuros posibles desde la interdependencia. Allí se inscribe The Family and the Zombie (2021), de Karrabing Film Collective, que interpela la crisis ecológica y la destrucción cultural e indígena provocada por el colonialismo en el norte de Australia. El film alterna escenas de resistencia contemporánea con la irrupción de seres ancestrales en un futuro devastado por el capitalismo tóxico, cuestionando así el “reloj colonial” que intenta enterrar el pasado bajo la dominación del futuro.

Vista de la exposición Archivo de la Desobediencia, PROA21, Buenos Aires 2025. Diseño expositivo: Adrián Balseca. Foto cortesía de PROA21

En Buenos Aires, donde el arte político tiene una tradición marcada por colectivos como Tucumán Arde, C.A.P.A.T.A.C. o las experiencias de arte correo durante las dictaduras, Archivo de la Desobediencia funciona como un espejo crítico. Más que una importación curatorial desde Europa, la muestra en PROA21 se convierte en plataforma de diálogo entre genealogías globales y memorias locales de resistencia.

En este sentido, el proyecto de Scotini se inscribe en una discusión más amplia sobre cómo los archivos artísticos pueden contribuir a reimaginar la esfera pública. Frente a la mercantilización de la memoria y el vaciamiento institucional, Archivo de la Desobediencia insiste en la necesidad de mantener abiertos los procesos de documentación y circulación de prácticas críticas para mantener viva su potencia disruptiva.

Artículo publicado originalmente en Artishock.